Leyenda del Día

martes, 13 de noviembre de 2007

 

LA VIEJITA DEL CANDIL.(14/11/07).
En el río de Coapexpan, hace mucho, acostumbraba una viejita lavar su ropa. Cierto día, al regresar de tender parte de lo que había lavado, notó que el resto de sus prendas dejadas sobre una roca desapareció. Confundida, la buscó por algún tiempo, en los potreros y entre las matas, pero sin ningún éxito. Volvió triste y cansada a su casa, y se recostó un rato a reposar de las caminatas y búsquedas que tuvo que hacer todo el día. Más tarde, siguiendo preocupada, regresó como a las diez de la noche, convencida de que debía encontrar su ropa. Llevaba un candil con el que apenas se alumbraba a causa de que el viento quería apagarle la flama. Efectivamente, pudo descubrir el lugar donde había estado lavando por la mañana, y se fijó en el sitio en el que dejó su batea. En ese momento escuchó una voz que le preguntaba:
- ¿Qué buscas aquí a estas horas, abuelita?

La señora volteó rápidamente y atemorizada para buscar de donde venía esa voz. Al principio, no vio nada, pero se dio cuenta que quien le había hablado era el mismísimo satanás. Tan grande fue la impresión de esta pobre mujer, que dejó caer el candil y se desmayó durante toda la noche.

El marido y sus hijos, al percatarse de su ausencia siendo ya tan tarde, salieron a buscarla por los montes y a lo largo del río, con lámparas de mano y machetes; sin embargo, fracasaron n su intento por hallarla. Sólo a la mañana siguiente, pudieron localizarla, tirada junto a la batea y su ropa. Se dice que la señora estuvo “maleada” y en cama por algún tiempo, hasta que pudo contar a su familia lo que había sucedido. A los pocos días, la anciana falleció, a pesar de los cuidados.

Actualmente, se afirma que esta viejita anda penando y que se aparece con su candil en el lugar donde solía lavar su ropa, dejando pedazos de jabón obre las piedras.

EL ORO Y LA ARENA. (13/11/07)


En el macualtépetl, entre sus laberintos, pasillos y jardines, hay una cueva que puede enriquecer a los que logran entrar y salir de ella. Ésta solo se deja ver un día al año.

Cierta vez, una señora muy pobre caminaba por el cerro; era la mañana el 24 de junio. La mujer iba preocupada pensado como alimentar a su pequeña. Se sentía muy fatigada se detuvo descansar bajo un árbol. De pronto, enfrente de ella vio una cueva. Se levantó rápidamente, entró y halló muchísimo dinero. Eufórica y astuta, decidió esperar hasta el anochecer, para que nadie pudiera robarle. Cuando quiso llevárselo todo, le resultó imposible, porque estaba con la niña. Decidió hacer dos viajes, dejando la criatura en la cueva. Al regresar, recorrió el sitio de arriba abajo, sin encontrar a la chamaquita.

Transcurrió el tiempo, y la mujer se encaminaba diariamente al cerro sin poderla encontrar. Llegó el día de San Juan y la señora como siempre fue a buscar a su hija. Esa vez volvió a ver la gruta y entro ilusionada para rescatar a su pecunia, quien estaba jugando. La madre la cargo y de inmediato se retió con ella, tomando más dinero, cuando salieron y les pegó el sol, la chiquilla se desmoronó en arena.

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