La Antropología Histórica Recién Parida En Latinoamérica.

martes, 18 de marzo de 2008

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Apreciable Doctor Barros y queridos compañeros:


DSC03974Hace más de nueve años iniciamos dos compañeros el antropólogo René Cabrera Palomec y su servidor un  proyecto cuya tradición aún hoy es bastante incomprendida e incluso ninguneada.

 Prof. René Cabrera Palomec

Se trata de la licenciatura de Antropología Histórica en la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana en México. La primera en América cuyos objetivos son los de impulsar proyectos sociales en favor de los estudios sobre políticas culturales y  patrimonio histórico, social, artístico y cultural.

Esta propuesta inició sus actividades en septiembre del año 2000 y a la fecha la unidad de la antropología con la historia sigue causando desde sorpresa hasta  las descalificaciones ya que se dice que se pierde especificidad, que no hay una metodología particular, que no existe una teoría de la misma, etc, etc. Se iniciaron los trabajos con todas las suspicacias del mundo, creyendo que esta no tiene antecedentes y que es una "etnohistoria disfrazada".


Al respecto debo decir que como coautor de la propuesta y divulgador y corresponsable de la misma. existe en la fundamentación tres  diferencias de sentido con relación a la etnohistoria que son:


1. Los usos de los tiempos históricos que no se limitan a los estudios sobre el pasado, o sobre pueblos "sin historia" o sobre un pasado documentado de los grupos étnicos de América, o grupos campesinos, subalternos e incluso una modernidad que se asoma con
apego o conflicto con las tradiciones de todo tipo. Así la antropología histórica comprende no sólo el pasado sino la historia inmediata, los procesos globales de comunicación y cultura contemporáneos y las formas de su reproducción y contradicción.


2. Los usos y concepciones de los espacios sociales en donde tienen asiento las poblaciones, la  economía, la política y las producciones culturales de complejidad inobjetable, a decir como lo señaló Braudel, la civilización.


3. La profunda vinculación histórica y social de la cultura como modo de producción y la historia como entidad epistémica, filosófica y simbólica que identifica, estudia y comprende los procesos genéticos y estructurales para decirnos "cómo es que las cosas, las palabras y la vida son lo que son y cómo han  llegado a ser".


La relación entre la etnografía, la historia cultural, la morfología y psicologías sociales, la geografía y la estética, tienen una base en la cultura material, una identidad en sus  cogniciones, una estructura  simbólica que los contiene y un armazón en la teoría social que dota de marcos explicativos a esta "gran red histórica y  cultural".

Su fuerte raigambre humanista toma como base los movimientos sociales latinoamericanos, las tradiciones  contrapuestas entre el eurocentrismo y las alternas mundiales.


Seis son los campos en los que actualmente trabaja esta antropología histórica desde nuestra universidad:

  1. cuerpo y sexualidad.
  2. identidades
  3. cultura material y  técnica
  4. espacio social
  5. memoria colectiva
  6. vida cotidiana.

Desde ahí se construye una serie de significaciones que van a definir cuales son las relaciones primarias y secundarias entre la antropología y la historia y si bien se enfocan a  proyectos sociales que impacten en la utilidad pública de la vida diaria de nuestro entorno, no nos desdecimos de su parentesco con la etnohistoria, la arequeología, así como de la antropología social y cultural.

 
Nuestra concepción sostiene que la Antropología Histórica es el estudio genético y estructural de la vida social en culturas diversas, considerando las tensiones económicas, políticas y culturales en tradiciones históricas enfrentadas, por la  colonización, por la modernidad, la globalización, y que sin embargo persisten, reproducen y renuevan sus horizontes de sentido histórico.


Toda esta gama de "redes" se estudian y se colocan en proyectos de investigación orientados desde las políticas culturales, los estudios sobre las industrias culturales y las formas de comunicación y discursividad que atraen al presente las herencias históricas y prefiguran de cierta manera las  "actualidades" e innovaciones en las producciones culturales que hemos denominado "patrimonio". Por ello el principal capital social se rige por este proyecto dedicado al estudio de los usos sociales del  patrimonio, los marcos legislativos, las economías de las corporaciones infiltradas en la cultura mundial y las contradicciones en las formaciones históricas regionales y locales de nuestro entorno nacional y  latinoamericano.


Espero que sigamos en comunicación para comprender y compartir nuestras experiencias en esta gran aventura de reunir la antropología y la historia, por el momento aprovecho para enviarles un cariñoso saludo a  todos los participantes de este foro.

Federico Colín Arámbula
Antropología histórica
Universidad Veracruzana

México: análisis de la estructura de poder

miércoles, 5 de marzo de 2008

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Cuando el antigua CIS-INAH (actual CIESAS), dirigido por Angel Palerm, abrió sus puertas al análisis político comenzando la década de los años 70’s, los antropólogos mexicanos no eran muy dados a ese tipo de análisis. De hecho, se había interrumpido una tradición iniciada por el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, que n 1952 publicara un ensayo clásico: “El gobierno indígena” (reeditado en 1981 por el INI). Esta obra es la primera síntesis comparativa intentada por un antropólogo mexicano en el campo particular del análisis político. Formas de gobierno indígena es un libro en el que se comparan tres variantes del gobierno local y los distintos mecanismos por los que se incluyen en el Estado. La orientación general de esta obra influyó a Eric Wolf, como lo evidencia el ensayo de este último, la formación de la nación: un ensayo de formulación (1953). El elemento novedoso de Wolf es su planteamiento de que en México el Estado se había configurado antes que la nación y a partir de aquí la construcción de la nacionalidad expresa la centralización del poder para reunir a las estructuras políticas locales y regionales en el ámbito del Estado-Nación. Esta conclusión de Wolf resultó muy importante y definió una parte del planteamiento con el que abordé el estudio de la estructura del poder en los altos de Jalisco.

En 1954, Ricardo Pozas publicó Chamula, un pueblo indio de los altos de Chiapas (reedición del INI en 1977), en el que, entre otros aspectos, abordó el de la organización política. Pozas afirma en esas páginas que los grupos egocentrados son los componentes elementales de la estructura local de poder y que ello define también la formación política nacional y e sistema de caudillismo. La consecuencia política de la fuerza de esa estructura en la vida nacional es tal que impide la formación de verdaderos partidos políticos, traduciendo la estructura nacional de poder en una amplia alianza entre caudillos. Este planteamiento de Pozas fue desarrollado por Pablo González Casanova en La democracia en México y retomado por mi al estudiar la política local en la región de Coatepec, Jalapa (Veracruz).

En el CIESAS, los proyectos de antropología de la política se iniciaron en 1973 con la apertura de dos seminarios cuyo objetivo era investigar y preparar antropólogos para el análisis político. Los responsables de conducir esos seminarios fueron Roberto Varela, formado en Francia y que trabajó en el estado de Morelos, y el otro dirigido por mi encaminado al estudio de los altos de Jalisco. Hay que recordar (o informar a las generaciones nuevas) que por el evolucionismo antropológico. Angel Palerm, desde su cátedra magistral en la ENAH y en el Departamento de Antropología Social de la Universidad Iberoamericana, discutió con profundidad y eficacia las contradicciones del evolucionismo unilateral con el evolucionismo multilineal. Las lecturas obligadas de aquellos días -discutían no sólo en el aula sino en inolvidables mesas de café- eran los libros o ensayos de Marx, Wittfogel, Steward, White, Childe, Wolf, el propio Palerm, Carrasco, Armillas, Kaplan y Manners, Kichhoff, Sahalins, Service, para citar a los más comentados. Los tres volúmenes de Yehudi A. Cohen (editor), Man in adaptation, sirvieron como instrumento fundamental para entrenar a los estudiantes de antropología social, por lo menos a los del Departamento de la Universidad Iberoamericana que por aquellos días conoció su momento más brillante.

Situada en ese contexto, la investigación llevada a cabo en los altos de Jalisco se apoyó en los planteamientos del neoevolucionismo antropológico recuperando el planteamiento de Marx y desarrollando la escuela propuesta por Angel Palerm. El primer volumen que se publicó como resultado de este proyecto se debe a Tomás Martínez y Leticia Gándara Mendoza, titulado Política y sociedad en México: el caso de los altos de Jalisco (1976). El ensayo de Martínez se sitúa en Arandas, Jalisco, y trata de analizar las bases ecológicas sobre las que se apoya la formación política local. El mismo tema aborda Leticia Gándara, sólo que en San Miguel El Alto, uno de los pueblos más tradicionales y hermosos de los altos de Jalisco. Después se publico el libro de Jaime Espín y Patricia de Leonardo, economía y sociedad en los altos de Jalisco (1978). En éste Espín hizo el análisis de una hacienda situada en el municipio de Teocaltiche, vista como una estructura de poder y base al mismo tiempo de la estructura política local, mientras que De Leonardo investigó las unidades de producción doméstica del municipio de Jalostitlán y su relación y comportamiento con el mercado nacional. EN 1979 apareció el volumen de José Díaz y Román Rodríguez, EL movimiento cristero. Sociedad y conflicto en los altos de Jalisco (con una larga introducción mía) que ofrece una interpretación distinta a la que domina por aquellos días debida al historiador francés Jean Meyer. Finalmente, se publicó mi libro la Formación histórica de una región: los altos de Jalisco que ofrece un planteamiento integral acerca del desarrollo de esta parte del país y el papel jugado por las estructuras de poder en su relación con el Estado nacional.

En referencia a esos resultados y bien de la brevedad, sólo apuntaré lo siguiente:

1. Estos trabajos sobre los altos de Jalisco contribuyeron a conocer una región del país prácticamente ignota. Asimismo son una contribución al estudio regional y al entendimiento en la relación de la historia local con la historia nacional.

2. Precisaron los orígenes coloniales de las estructuras de poder locales y por que se revitalizaron a partir de 1926-1929, años en que ocurrió el movimiento cristero como reacción a los planteamientos de reforma agraria y Estado laico enarbolados por la revolución mexicana en 1910-1917. Estos trabajos lograron delimitar uno de los caminos de centralización y concentración del poder en México.

3. Junto con los trabajos dirigidos por Roberto Varela en el estado de Morelos, el análisis de los altos de Jalisco mostró la fortaleza de la estructura local de poder y la debilidad de l proceso de concentración del mismo en un país de las características de México. Quizá éste fue el resultado más interesante porque tanto Varela como yo llegamos a la misma conclusión recorriendo caminos muy diferentes. La debilidad de la concentración del poder se oculta tras la aparente supremacía de la presidencia de la república que sólo es, precisamente una apariencia.

4. Finalmente, y situados en el ambiente intelectual de aquellos días, el planteamiento para estudiar y comprender una región como la de los altos de Jalisco logró remontar al solo planteamiento evolucionista y señaló la perspectiva histórica en que las relaciones sociales, incluyendo las políticas, se han desarrollado en esa parte de México.

 

Artículo tomado de Fabregas Puig, Andrés, Una Reflexión antropológica, (Gobierno del Estado de Chiapas, Consejo Estatal de fomento a la Investigación y Difusión de la Cultura, DIF-Chiapas/Instituto Chiapaneco de Cultura),Serie científica Chiapas, No 2, 1991. pp 42-44.