México: análisis de la estructura de poder

miércoles, 5 de marzo de 2008

 

 

Cuando el antigua CIS-INAH (actual CIESAS), dirigido por Angel Palerm, abrió sus puertas al análisis político comenzando la década de los años 70’s, los antropólogos mexicanos no eran muy dados a ese tipo de análisis. De hecho, se había interrumpido una tradición iniciada por el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, que n 1952 publicara un ensayo clásico: “El gobierno indígena” (reeditado en 1981 por el INI). Esta obra es la primera síntesis comparativa intentada por un antropólogo mexicano en el campo particular del análisis político. Formas de gobierno indígena es un libro en el que se comparan tres variantes del gobierno local y los distintos mecanismos por los que se incluyen en el Estado. La orientación general de esta obra influyó a Eric Wolf, como lo evidencia el ensayo de este último, la formación de la nación: un ensayo de formulación (1953). El elemento novedoso de Wolf es su planteamiento de que en México el Estado se había configurado antes que la nación y a partir de aquí la construcción de la nacionalidad expresa la centralización del poder para reunir a las estructuras políticas locales y regionales en el ámbito del Estado-Nación. Esta conclusión de Wolf resultó muy importante y definió una parte del planteamiento con el que abordé el estudio de la estructura del poder en los altos de Jalisco.

En 1954, Ricardo Pozas publicó Chamula, un pueblo indio de los altos de Chiapas (reedición del INI en 1977), en el que, entre otros aspectos, abordó el de la organización política. Pozas afirma en esas páginas que los grupos egocentrados son los componentes elementales de la estructura local de poder y que ello define también la formación política nacional y e sistema de caudillismo. La consecuencia política de la fuerza de esa estructura en la vida nacional es tal que impide la formación de verdaderos partidos políticos, traduciendo la estructura nacional de poder en una amplia alianza entre caudillos. Este planteamiento de Pozas fue desarrollado por Pablo González Casanova en La democracia en México y retomado por mi al estudiar la política local en la región de Coatepec, Jalapa (Veracruz).

En el CIESAS, los proyectos de antropología de la política se iniciaron en 1973 con la apertura de dos seminarios cuyo objetivo era investigar y preparar antropólogos para el análisis político. Los responsables de conducir esos seminarios fueron Roberto Varela, formado en Francia y que trabajó en el estado de Morelos, y el otro dirigido por mi encaminado al estudio de los altos de Jalisco. Hay que recordar (o informar a las generaciones nuevas) que por el evolucionismo antropológico. Angel Palerm, desde su cátedra magistral en la ENAH y en el Departamento de Antropología Social de la Universidad Iberoamericana, discutió con profundidad y eficacia las contradicciones del evolucionismo unilateral con el evolucionismo multilineal. Las lecturas obligadas de aquellos días -discutían no sólo en el aula sino en inolvidables mesas de café- eran los libros o ensayos de Marx, Wittfogel, Steward, White, Childe, Wolf, el propio Palerm, Carrasco, Armillas, Kaplan y Manners, Kichhoff, Sahalins, Service, para citar a los más comentados. Los tres volúmenes de Yehudi A. Cohen (editor), Man in adaptation, sirvieron como instrumento fundamental para entrenar a los estudiantes de antropología social, por lo menos a los del Departamento de la Universidad Iberoamericana que por aquellos días conoció su momento más brillante.

Situada en ese contexto, la investigación llevada a cabo en los altos de Jalisco se apoyó en los planteamientos del neoevolucionismo antropológico recuperando el planteamiento de Marx y desarrollando la escuela propuesta por Angel Palerm. El primer volumen que se publicó como resultado de este proyecto se debe a Tomás Martínez y Leticia Gándara Mendoza, titulado Política y sociedad en México: el caso de los altos de Jalisco (1976). El ensayo de Martínez se sitúa en Arandas, Jalisco, y trata de analizar las bases ecológicas sobre las que se apoya la formación política local. El mismo tema aborda Leticia Gándara, sólo que en San Miguel El Alto, uno de los pueblos más tradicionales y hermosos de los altos de Jalisco. Después se publico el libro de Jaime Espín y Patricia de Leonardo, economía y sociedad en los altos de Jalisco (1978). En éste Espín hizo el análisis de una hacienda situada en el municipio de Teocaltiche, vista como una estructura de poder y base al mismo tiempo de la estructura política local, mientras que De Leonardo investigó las unidades de producción doméstica del municipio de Jalostitlán y su relación y comportamiento con el mercado nacional. EN 1979 apareció el volumen de José Díaz y Román Rodríguez, EL movimiento cristero. Sociedad y conflicto en los altos de Jalisco (con una larga introducción mía) que ofrece una interpretación distinta a la que domina por aquellos días debida al historiador francés Jean Meyer. Finalmente, se publicó mi libro la Formación histórica de una región: los altos de Jalisco que ofrece un planteamiento integral acerca del desarrollo de esta parte del país y el papel jugado por las estructuras de poder en su relación con el Estado nacional.

En referencia a esos resultados y bien de la brevedad, sólo apuntaré lo siguiente:

1. Estos trabajos sobre los altos de Jalisco contribuyeron a conocer una región del país prácticamente ignota. Asimismo son una contribución al estudio regional y al entendimiento en la relación de la historia local con la historia nacional.

2. Precisaron los orígenes coloniales de las estructuras de poder locales y por que se revitalizaron a partir de 1926-1929, años en que ocurrió el movimiento cristero como reacción a los planteamientos de reforma agraria y Estado laico enarbolados por la revolución mexicana en 1910-1917. Estos trabajos lograron delimitar uno de los caminos de centralización y concentración del poder en México.

3. Junto con los trabajos dirigidos por Roberto Varela en el estado de Morelos, el análisis de los altos de Jalisco mostró la fortaleza de la estructura local de poder y la debilidad de l proceso de concentración del mismo en un país de las características de México. Quizá éste fue el resultado más interesante porque tanto Varela como yo llegamos a la misma conclusión recorriendo caminos muy diferentes. La debilidad de la concentración del poder se oculta tras la aparente supremacía de la presidencia de la república que sólo es, precisamente una apariencia.

4. Finalmente, y situados en el ambiente intelectual de aquellos días, el planteamiento para estudiar y comprender una región como la de los altos de Jalisco logró remontar al solo planteamiento evolucionista y señaló la perspectiva histórica en que las relaciones sociales, incluyendo las políticas, se han desarrollado en esa parte de México.

 

Artículo tomado de Fabregas Puig, Andrés, Una Reflexión antropológica, (Gobierno del Estado de Chiapas, Consejo Estatal de fomento a la Investigación y Difusión de la Cultura, DIF-Chiapas/Instituto Chiapaneco de Cultura),Serie científica Chiapas, No 2, 1991. pp 42-44.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay René Eres un farsante. Con Varela, Fabegras, Bohem, Lameiras estudiaste y ellos se refieren a ti como un grillero que a la mera hora de los putazos corre a esconderse con mami en Jalapa. Te falta chavo, eres puro verbo y la neta ya cansas y aburres en las clases. Siempre el mismo choro falso.