La privatización de PEMEX. Un Crimen a la Soberanía de los Recursos Naturales de la Nación.

martes, 15 de abril de 2008

 

¿Porque privatizar PEMEX?

Pemex es la empresa más rentable de México. Los ingresos derivados del petróleo representan alrededor de 50 por ciento del presupuesto federal. Esto se traduce en la principal fuente de riqueza del país, la cual siempre ha despertado los intereses del capital privado tanto al interior, como al exterior de nuestra nación.

La expropiación de la industria petrolera decidida por Lázaro Cárdenas en aquel 18 de Marzo de 1938, buscaba convertirla en un puntal del desarrollo del país.

La explotación de la riqueza petrolera, bien empleada, es una palanca para nuestro futuro y factor de nuestra independencia.

¿Si se privatizara Pemex, a dónde irían estas cuantiosas ganancias? Con esto, no afirmo que la totalidad de los ingresos por motivo de la explotación petrolera, sean completamente en beneficio de los mexicanos.

¿De qué otra fuente obtendría el gobierno mexicano los formidables ingresos fiscales que dejaría de percibir?

En verdad, la planeada “reforma” de Pemex significa,  un "robo con carácter legislativo" de las riquezas provenientes de los recursos de nuestro país, por manos privadas, principalmente extranjeras.

Durante el sexenio de Miguel de la Madrid, se optó por la venta de petróleo crudo en lugar de construir refinerías para elaborar nuestras gasolinas, con esto; se origino un retraso dentro de la rama de la petroquímica, lo que hubiese permitido mayores ingresos y menor dependencia.

Los sucesivos gobiernos siguieron los dictados del Banco Mundial y de Estados Unidos: sabotear el desarrollo de Pemex para ponerlo en punto de venta.

Lo lograron en parte al imponerle exacciones fiscales que ninguna empresa del mundo puede soportar, mientras se consiente al sector privado con una baja carga tributaria. Es por ello que en apariencia la empresa pública no gana y está en “crisis”. Saqueando a Pemex vía impuestos, escondieron su incapacidad para lograr una economía sana con un crecimiento sostenido. Correspondía a sus intereses seguir sangrando a Pemex, en lugar de implementar medidas juiciosas y a favor de la nación. Asimismo, parte del guión para extenuar el sector energético fue el desmantelamiento de centros de investigación y desarrollo como los institutos Mexicano del Petróleo, de Investigaciones Eléctricas y de Investigaciones Nucleares.

Con los gobiernos panistas esta vía llegó a su clímax. Vicente Fox y su pequeño grupo derrocharón los recursos adicionales que ingresaron al país gracias al alza internacional del precio del petróleo. Esos fondos no se utilizaron para fortalecer el sector productivo (incluyendo el campo y la propia industria petrolera); se fueron al gasto corriente y a algunos bolsillos.

¿Por qué urge privatizar PEMEX?

Este manejo ineficiente y sesgado de sucesivos gobiernos tiene hoy a la economía del país en grave trance. Por un lado, hay una fuerte deuda interna que proviene de los Proyectos de inversión diferidos en el gasto, Pidiregas; por otro, es un hecho que la crisis económica de Estados Unidos tendrá un fuerte impacto, pues habrá menos compras de nuestros productos, menos empleos para nuestros paisanos allá y menos remesas de éstos, que son nuestra segunda fuente de divisas.

Ante esta perspectiva, a la pequeña oligarquía dominante, al PAN y a sus aliados en el PRI, les urge privatizar a Pemex, alegando que está en crisis. Según creen, llegaría dinero “fresco” que, una vez más, taparía sus ineficiencias y atenuaría la profundidad de los problemas. Y hasta sueñan que con ello podrían lograr en 2009 una votación que les permita acabar de saquear al país con leyes a modo dictadas en las cámaras.

Pero lo que está en crisis no es Pemex sino el modelo socioeconómico que este grupo representa. Lo que quieren no es evitar una crisis al país, sino salvar el esquema económico y político que han impuesto, e incluso robustecer el régimen elitista mediante una nueva orgía de concesiones, negocios turbios y enriquecimiento fácil, mientras las mayorías se siguen empobreciendo.

Es evidente que el proceso de privatización impuesto desde hace 25 años no es el modelo a seguir. Carlos Salinas de Gortari reprivatizó la banca y vendió Telmex, lo que trajo grandes flujos de capital (1991-1993); aún así, se dio la crisis a fines de 1994 y no hemos salido del estancamiento. El proceso de privatizaciones ha continuado en la industria del acero, la aviación, la minería, la infraestructura, incluida la participación creciente de la inversión privada en la CFE y Pemex desde 1997 hasta la fecha (en el 2007, del total de la inversión realizada en Pemex, 95% fue privada). A pesar de ello, la economía, y con ella la sociedad, van de mal en peor. Lo que se requiere es el cambio del modelo; y la sustitución de ese grupo en el poder, que se ha caracterizado por su incompetencia, corrupción y carencia absoluta de sensibilidad social.

Estados Unidos y las grandes corporaciones son parte del festín que se prepara. A éstos les interesa intervenir directamente en la industria petrolera mexicana y ser rectores en el negocio. Los grandes yacimientos de petróleo fácilmente extraíble de Estados Unidos y de Arabia Saudita han llegado a su punto de declive. Apoderarse de los más importantes yacimientos es parte de su estrategia de dominio global. Estamos en grave peligro como país. Una vez que sus empresas se asentaran aquí, nada los detendría; pronto verían la manera de tener control, incluso militar, sobre nuestros yacimientos, plantas y gaseoductos.

Estimulados por el olor a negocios, desde el poder se ha comenzado a seducir o sobornar a funcionarios, legisladores, medios de comunicación y comunicadores para que se difundan mentiras o verdades a medias que impidan a la población tomar decisiones informadas. Falsedades como la carencia de recursos y de tecnologías propios para impulsar a Pemex campean cínicamente. Privatización y corrupción están indisolublemente hermanadas.

No debemos dejarnos engañar por el bombardeo de asfixiante por  parte de los medios masivos de comunicación, quienes hacen uso de los distintos iconos e imágenes representativas de la radio, televisión, cine, teatro, etc., para que no nos percátemos de su verdadera intención. Aquellos   que se jactan de ser nuestros representantes, defienden a capa y espada la idea de que PEMEX no será privatizado, sólo se pretende: "reformarlo", "democratizarlo", "sanearlo", "modernizarlo", o promover "asociaciones" y "alianzas" (con el fin de hacerlo autosuficiente)

Desde una perspectiva neoliberal, estos términos no son más que parte del nuevo Diccionario de Sinónimos Privatizadores. El trasfondo es que se permita a manos privadas aprovecharse de un recurso vital para la economía de nuestro país, el cual debe seguir siendo público. A pesar de que una gran parte de las ganancias nunca lleguen a las arcas de la nación o su uso no sea destinado en buena parte, para el fomento de políticas de desarrollo social, las cuales nos brinden una mejor calidad de vida y cierta igualdad social.

¿Qué ocurrirá si se permite la participación del capital privado en PEMEZ?

Los que adquieran acciones de Pemex u otras concesiones “legales”, empresarios en busca de máximos rendimientos, muy pronto elevarían aun más los precios de los combustibles, presionarían al gobierno para que los impuestos con que hoy se sangra a Pemex no se aplicaran a ellos. Finalmente las ganancias volarían lejos de aquí, como ya ocurre. Como consecuencia, se reduciría aun más el presupuesto para la educación pública, el sistema de salud, el campo, la cultura; habría mayor deterioro y pobreza. Los impuestos que no ingresen vía Pemex tendrían que salir de nuestros bolsillos; hasta un sector de los empresarios se vería seriamente afectado. Tendríamos un gobierno aún más débil y sin capacidad para defender los intereses de la nación.

Vulnerando la Constitución, ya se han dado pasos Privatizadores en el sector energético. Se trataría ahora de violentar por completo el orden constitucional desde reformas secundarias. La privatización, no hay que olvidarlo, se haría contra la Carta Magna. En el momento en que Estados Unidos implementa medidas de protección desde el gobierno, Dinamarca fortalece la presencia del Estado en sus empresas de hidrocarburos y países como Holanda, Brasil y Argentina están dando marcha atrás con las privatizaciones, mientras Bolivia y Venezuela batallan contra la voracidad de las transnacionales petroleras, en México, a contracorriente, gobernantes obtusos y al servicio del gran capital dan la espalda a la Constitución y se empeñan en privatizar lo que es de la nación.

Un peligro inminente para nuestro país

Con la privatización de Pemex se cancelaría la principal alternativa para continuar con nuestro desarrollo como nación "independiente". 

Vivimos uno de los momentos más graves e importantes en lso últimos años, dentro de nuestra historia. Pero no nos cabe duda de que, si todos hacemos conciencia de las contradicciones que implica la privatización, además, si tomamos como ejemplo la privatización de los servicios públicos en Argentina, podremos crear un movimiento de resistencia, el cual se oponga rotundamente a la venta de nuestros recursos. Es necesaria evitar a toda costa la participación privada en Pemex e impulsar un cambio verdadero que logre desterrar el gran desorden económico, político, legal y social imperante y tan consuetudinario en nuestra cotidianidad como mexicanos. Por todo esto, es importante manifestarnos a favor del debate nacional, donde intervengan expertos en todas las disciplinas y áreas del conocimiento, con el fin de evitar este atropello o mejor dicho robo de cuello blanco.

 

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