EL POSMODERNISMO, PRIMERA PARTE

lunes, 26 de mayo de 2008

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De: Adriana Sigüenzaescanear0004

 

Tomado de:

Revista Alternancias, Una revisión Interdisciplinaria, publicación trimestral de la Facultad de Filosofía de la AQ.  Primera época, año 1, Número 3, Abril 2006, pp. 28-29

El posmodernismo surge en los años 70’s y permanece hasta hoy.

 

Nace en oposición al racionalismo de la modernidad, que pretendió explicar el mundo –y moldearlo– en torno de la razón. Actuando como culto predominante de las formas, el individualismo y la faltad de compromiso social, el relativismo de las ideas y los valores, de las costumbres y las instituciones, es como se define al posmodernismo. (De la Peña Martínez: 1998).

Como casi todas las corrientes del pensamiento su impacto ha sido en todos los ámbitos de la cultura del hombre, determinando épocas. En las últimas tres décadas, está presente en el campo de las ideas, el relativismo “posmoderno”.

Esta corriente se instala como satisfactoria individualmente, pues valida las ideas personales –antes guiadas por reglas morales institucionales-, en el entendido de que “mi verdad es absoluta aunque sea únicamente para mí”, sin el compromiso de satisfacer mínimamente convencer al otro, a menos que el objetivo sea otro y deba de utilizar esto como herramienta para conseguir otro fin.

Esto, ha ido extendiendo su influencia convenientemente –como ya mencioné- y ganado adeptos no sólo en el marco de las actividades “intelectuales”, como el arte, en la que los rasgos más notables del posmodernismo son la valoración de las formas industriales y populares, -esperando el entendimiento popular-, el debilitamiento de las barreras entre géneros y el uso de la intertextualidad, expresada frecuentemente mediante el collage o eclecticismo, mezclando estilos actuales y antiguos; la literatura, en la cual se pierden en una sola línea el espacio y el tiempo, en la narración y la percepción variada y a veces confusa de la realidad, así como los distintos puntos de vista de los narradores, junto a la no diferenciación de los géneros, especialmente en la novela, permitiendo la absoluta libertad tanto en estilo, forma y fondo, el uso variado del lenguaje, la mezcla de idiomas, la composición o creación de palabras de un idioma con otro, dándoles a otras una significación, el uso de palabras altisonantes, adjetivos peyorativos y el uso de regionalismo, evitando el sesquipedalismo guiado a la aceptación popular, que se logra al identificarse el lector, con algún elemento conocido de su propia cultura. También en las ciencias sociales, donde la relatividad hace gala de validez, tolerancia y flexibilidad están manifestadas en el actual relativismo cultural y en la creencia de que nada es totalmente malo ni absolutamente bueno, poniendo en tela de juicio la verdad, razón, identidad y objetividad y, a veces, se pone en duda su existencia o se les mira como tiránicas, represivas de la libertad.

En las denominadas ciencias “duras”, terreno en el cual las corrientes relativistas no tenían cabida hasta hace algunos años, el posmodernismo ha permitido el discernimiento o la duda de lo que se nos había dicho sobre esto, como indiscutible, si era aceptado por la comunidad científica, permitiendo la refutación y la comprobación de teorías admitidas como absolutas, así como la proposición de nuevas teorías, para subsistir las anteriores. Prueba de esto es la teoría de la relatividad y posteriormente la física cuántica, que revolucionaron la física gravitacional newtoniana y la forma de interpretar el universo. No sólo eso, sino que dentro de esas nuevas formas de interpretación del universo está el principio de incertidumbre, donde no se puede conocer con exactitud la posición del electrón ni su contenido energético. Pues al utilizar la luz para captarlo, éste cambia su posición. Esto obliga a usar el término de “probabilidad”, para describir el átomo. Por ende el principio de incertidumbre también se expande a otras áreas, como concepto de la no existencia de lo absoluto.

Esta permisibilidad y el sentido de que “así deben ser las cosas” con que se ve esta circunstancia, si bien yo no podría decir que es bueno, con seguridad podría decir que no es malo, sin embargo esto crea un descontrol, inseguridad, porque si bien las creencias –inherentes al hombre- ahora se han transformado en dudas, debido a que éstas han pasado por un proceso de cuestionamiento, investigación y recopilación de respuestas, que lo llevan a afirmar que las entidades metafísicas o sobrenaturales no existen, y que las diversas manifestaciones o “extrañas” del universo tienen una explicación racional –aunque ésta aún no se haya encontrado- la esencia permanece, y aun en la seguridad de que no se cree en nada, la creencia en eso está ahí, y la ausencia de ésta crea inseguridad. Como contraposición al modernismo no hay verdades absolutas, entonces establecer que la realidad existe independientemente de la consciencia humana, que todo lo que existe tiene una naturaleza fija y finita, y que estas proposiciones son evidentes por si mismas, supondrían una verdad absoluta, pero en el posmodernismo no hay verdades absolutas, tenemos la opción de dudar de todo, por lo que podríamos no estar seguros de nuestra existencia. Esto tampoco es una verdad absoluta del posmodernismo, lo cual sería una contradicción; sin embargo, no lo es, pues todo es relativo, ¿Realmente tenemos la posibilidad de cuestionar o no cuestionar? Bien podría decir de que de acuerdo a mi conveniencia tengo el libre albedrío de hacerlo, la diferencia con el modernismo es que sólo será mi cuestionamiento, mi disertación, mi conclusión y mi verdad, porque la legitimación colectiva de mi verdad tendría que pasar un proceso de cuestionamiento para decir si deseo la legitimación colectiva de mi verdad.

EL POSMODERNISMO, PARTE 2

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De: Adriana Sigüenzaescanear0003

 

Tomado de:

Revista Alternancias, Una revisión Interdisciplinaria, publicación trimestral de la Facultad de Filosofía de la AQ.  Primera época, año 1, Número 3, Abril 2006, pp.. 29-30

 

 

Como ya he venido mencionando en este posmodernismo como rechazo de lo absoluto, podemos ver expresiones y tendencias, objeciones y argumentaciones a valores que se suponían “universales” como la moral, y que en el paradigma posmoderno tanto la universalidad como la moral tienen la permisibilidad de cuestionarse o adaptarse según la convivencia. Por lo que el posmodernismo no es el relativismo de lo absoluto propiamente dicho –pues no existe la seguridad de que alguien acepte o ponga en duda lo absoluto- sino la permisibilidad de todo, de la práctica pública y con miras dominantes de cultura individual, cuyo desenlace es la fragmentación de lo social, de lo común, hasta reducir al hombre a si mismo y probablemente a ninguno o a nada, o a crear un superhombre que no necesite de nada.

Sin embargo, tras esa diversidad engañosa de permisibilidad de expresiones y tendencias, es posible distinguir una entidad común y central de ideas, en él lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones de la realidad una realidad cambiante. Nietzsche se refiere a esta esencia de la realidad cambiante como la expresión de la voluntad de poder, que concuerda con lo que es el posmodernismo, pero que aun así es engañosa, pues la libertad de mi verdad –individual- puede no significar lo mismo para otros, dada la permisibilidad de interpretación de los conceptos, mismos que tampoco pueden encasillar a la realidad, ya que los conceptos son relativos, sujetos a la significación y según la voluntad de poder. Esta “voluntad” de poder: es una voluntad significativa humana, creada de acuerdo al significado individual. Por lo que la elimina de toda universalidad, pero que la hace dudosa, factible de sospecha.

Y a la manera de Nietzsche “El significado es cualquier cosa que construimos arbitrariamente mediante nuestros actos de dar sentido. El mundo no se clasifica espontáneamente en especies, jerarquías causales, etc., como podría pensar un realista filosófico; por le contrario, somos nosotros los que hacemos todo esto al hablar sobre él –el individualismo como consecuencia del posmodernismo- nuestro lenguaje no refleja tanto la realidad como lo que la significa, le da forma conceptual. Así pues, es imposible responder a la pregunta de qué es aquello que recibe una forma conceptual: la realidad misma, antes de que lleguemos a constituirla mediante nuestros discursos, es sólo una X inexpresable”.

Como expresión de la esencia del postmodernismo, los alcances han sido esta individualización del hombre, el obedecer sólo y únicamente a su propia naturaleza -que finalizándola- es la ley de la sobrevivencia, y quien permanece es aquel mejor adaptado; en la lucha por sobrevivir, el que gana tiene la razón y obliga al otro a rendirse, venciendo los obstáculos que ponen aquellos de su misma especie que también tratan de sobrevivir, imponiéndose a éstos dominando en territorio y expandiéndose, decretando sus propias reglas.

Las reglas especialidad por excelencia del posmodernismo, ¿Cuáles? No existen reglas generalizadas, cada individuo sigue sus propias reglas, de acuerdo a sus objetivos, es la ley del más fuerte, de quien ostenta el poder en el momento, hasta que éste sea vencido y se imponga otra ley; sin embargo, la temporalidad tampoco es un factor importante, pues prima la voluntad individual, misma que es dominada o dominante según la convivencia y se validan de extraordinarias o crueles, según el juego que cada uno desee jugar.

El juego, elemento implícito en el posmodernismo, la competencia es el paradigma de nuestro tiempo –el nuevo elemento del progreso que sigue vigente, con otros matices dentro del posmodernismo- y tal parece ser que la lucha, el conflicto entre fuerzas es el camino para evolucionar -muy a la manera de Marx- todos vamos luchando día con día, contra todo, todos y contra nosotros mismos, pues nos enfrentamos a nuestros propios conceptos morales, mirándolos a veces como represivos de nuestra naturaleza, conflictuándonos entre el ser y el tener, como si buscáramos un equilibrio; es el bien y el desequilibrio es el mal. No, porque eso sería pretender una ley universal que regulara el desarrollo de la vida, entonces no tendríamos opciones, y en ese sentido vamos buscando la utopía de una mejor vida, de ser el mejor, de lograr la excelencia, sobre el otro, algo más tangible, pero sin compromiso o a la manera de Kant “actúa en función de la regla que querrías ver erigida como norma universal”.

El otro, el análisis o la crítica a este depende de la posición relativa del observador, (Agar Michael: 1998) la certeza de un hecho es una verdad relativamente interpretada y por lo mismo, incierta. Aquel a quien los antropólogos estudiamos, quien nos sirve de masa moldeable para nuestra creación, es nuestro sujeto sobre el cual podemos ostentar nuestra superioridad al creernos con la autoridad de interpretar, (Clifford, James: Sobre la autoridad etnográfica); sin embargo, tampoco es absoluta esta relatividad en la interpretación, pues en lo relativo de la interpretación, lo relativo está en la intención del lector, (Eco, Humberto: 1992) quien es finalmente quien lee y tiene el poder de legitimar el trabajo de análisis y para quien el antropólogo podría ser “El otro” como sujeto del análisis de su texto.