El elogio de la lectura y la ficción (parte final)

jueves, 16 de diciembre de 2010

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Mario Vargas Llosa, discurso del Nobel de Literatura 7 diciembre de 2010, Estocolmo, Suecia.

El elogio de la lectura y la ficción (parte final)

detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo,  en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.

No hay que confundir el nacionalismo orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La Patrio no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.

El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo-, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mi. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores Limeño –la llamábamos el Barrio Alegre-,  donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y mis amigos del Movimiento Liberad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.

El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubiera nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las cita y los viajes, hace y deshace las maletas, y en tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, par lo único que tú sirves es para escribir”.

Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es par mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mi, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi madre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de las que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfesable, a una pasión prohibida.  La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “"Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporreante en la cabeza, pepeando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.

Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuentas hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setentas, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reiniciado varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo por primara vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele se la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras-, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerp0 humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos,  dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiera la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, procede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminado de anhelos y, por culpa de la ficción en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestras será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.

Mario Vargas llosa, Estocolmo, 10 de diciembre de 2010

 

El Elogio de la lectura y la ficción (Parte 2)

jueves, 9 de diciembre de 2010

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Mario Vargas Llosa, discurso del Nobel de Literatura 7 diciembre de 2010, Estocolmo, Suecia.

El elogio de la lectura y la ficción (continuación)

En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. MI decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser- fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética , el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean François Rével, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la inteligencia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.

De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y aspirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía el Perú sólo sería un seudo escritor de dúas domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro Brecht y el cine Ingmar Berman, en TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellisimas piezas literarias, de André Malraux, y , tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del General de Graulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de na vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaban y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donos y muchos  otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte dle mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.

De entonces a esta época,  no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía hay, hermanos muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudo democracias populistas y payasas como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia esta funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil y Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue entregándose al mundo, América Latina dejaría de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.

Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre hallando una querencia donde podía vivir en paz y trabajando , aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, sin vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia-, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde naci ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. EL amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.

Al Perú  yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de mi niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más de lo que sucede en otras partes. NO lo he buscado ni me lo he puesto, simplemente es asó, Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan- el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de Estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos prácticas  malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben de ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los residentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menuda complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.

Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Parancas y los ceramios mochilas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, la huecas de la Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Gracia, Roma, la tradición judeocristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo, Góngora, y a la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el aleph de Borges, es un pequeño formato del mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!

La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben de ser una autocrítica. Porque , al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores , y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.

Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni ser un escritor conocido, y tal vez, como tanto colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cyuo talento acaso –triste consuelo- descubrirían algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no solo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.

De todos los años que ge vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aun fusilaba, pero era ya un fusil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidas por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempo de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que al final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, han admirado al mundo entero y disparado la modernización de España-. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.

El Elogio de la lectura y la ficción (PARTE 1)

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Mario Vargas Llosa, discurso del Nobel de Literatura 7 diciembre de 2010, Estocolmo, Suecia


”Elogio de la lectura y la ficción” Por Mario Vargas Llosa

Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi treinta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueciendo mi vida, rompiendo las barrera del tiempo y el espacio permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar juna a d’Artagan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

la lectura convertía el sueño en vida u la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me ha pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventura.

Me gustaría que mi madre estuviera aquí , que ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentaba tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también a mi terquedad y  algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiamos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y toma la muerte un espectáculo pasajero.

No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una discapacidad tenaz u una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y le épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.

Si convocara en este discurso a todos los escritores a  los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanza  y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.

Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos periodos en que los que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requiso alcanzar primero la altura cultural, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía , la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventarnos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad que al vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve  a los ciudadanos más difíciles de manipulas, de aceptar las mentiras de  quisieran hacerles creer que, ente barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan.  Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Kareninna se arroja al tren y Julien Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulquería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante  en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y a estupidez.

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la muestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los hecho humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar  por quienes por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendemos la democracia liberal, que, con todas sus emociones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.

 

Wikileads

viernes, 3 de diciembre de 2010

3 comentarios Enlaces a esta entrada  

150px-Wikileaks_logo.svgEn los últimos días, tanto por la red cómo por los diferentes medios de comunicación hemos escuchado sobre los documentos, información filtrada y otras cosas por medio de los WIKILEADS, pero ¿qué son o con que fin se desarrollo esta plataforma?

Hablar sobre Wikileads puede ser medio problemático. Pero es interesante saber que existe y cómo se da la falta de transparencia en varias sociedades del mundo en informar qué es lo que realmente sucede en el mundo. Con este post, simplemente se desea informar acerca de este fenómeno sin tomar partido alguno.

Pero ¿Qué es WikiLeaks? (WikiFiltraciones o WikiFugas)

índiceWikiLeads es un sitio web que publica informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia religioso, corporativa o gubernamental, preservando el anonimato de sus fuentes. El sitio fue lanzado en 2006 y está gestionado por The Sunshine Press. Uno de sus asesores, Editor en Jefe y actual director es el australiano Julian Assange. El portavoz, desde septiembre de 2010, es Kristinn Hrafnsson.

A pesar de su nombre, Wikileaks no es un sitio WIKI - lectores que no tienen los permisos adecuados, no puede cambiar su contenido.

Su lanzamiento se realizó en diciembre de 2006,Su actividad comenzó en julio de 2007 y desde entonces su base de datos ha crecido constantemente hasta acumular 1,2 millones de documentos.

El objetivo inicial de WikiLeaks se centra en la actividad exterior de los Estados Unidos, Iraq y Afganistán. No obstante, también se ofrece a recibir filtraciones que desvelen comportamientos no éticos por parte de gobiernos y empresas de todo el mundo, y concretamente de los países que considera tienen Regímenes totalitario, y mencionando en su página web en español a China y Rusia, la Eurasia Central, el Próximo Oriente y África Subsahariana. especialmente en relación con las guerras de

WikiLeaks usa una versión modificada del software de Media Wiki y su servidor principal está alojado en el ISP sueco PRQ. En agosto de 2010 el Partido Pirata Sueco firmó con Wikileaks un acuerdo para alojar su página web y poder conseguir la inmunidad de su página. Sin embargo, debido a la derrota electoral de este partido, no prosperó la iniciativa de ofrecer inmunidad a Wikileaks.

El gobierno de Estados Unidos intenta frenar el daño diplomático que podría causar la más reciente publicación de documentos secretos en Wikileaks, el sitio en internet que filtra material sensible y secreto a través de la red.

El sitio está lanzando en la red unos 250.000 mensajes secretos enviados por las embajadas de Estados Unidos que dan un panorama de las actuales preocupaciones globales de ese país y que contienen información sobre América Latina.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, se pasó gran parte del fin de semana al teléfono llamando a los principales aliados y amigos de EE.UU. para prepararlos sobre los comentarios hechos a puerta cerrada que podrían surgir dentro de los documentos filtrados.

En lo que ha publicado Wikileaks hasta ahora, hay cables de diplomáticos estadounidenses en misiones en el exterior dando partes francos y directos sobre los gobiernos anfitriones y descripciones poco halagüeñas de líderes mundiales.

Un ejemplo de lo que les comento es la siguiente nota tomada de la página de Wikileads:

Secret multilateral negotiations on ACTA commencing today

Posted July 29th, 2008

Business lobbyists and politicians will be meeting today to discuss the controversial Anti-Counterfeiting Trade Agreement, according to an internal memo released today by Wikileaks.

The proposed agreement would criminalize copyright and intellectual property offenses. Under ACTA, Internet service providers would be required to filter illegal transfers of content and help the government track down the people downloading it. Border patrols would gain the authority to seize and destroy copyrighted materials at the border.

Also, governments would be able to charge individuals with copyright-related crimes even if rights holders do not request that charges be pressed. For comparison, in the U.S., victims of robberies and domestic assaults must press charges against their assailants — the government can’t press charges without compliance from the victim.

The meeting on ACTA will take place in Washington, D.C. and run from today through Thursday.

The memo does not say who the participants in the meeting will be — it is addressed to “ACTA Negotiators” and is from “Concerned business groups operating in ACTA nations.”

According to the anonymous leaker, the document was leaked “To shed light on a very secretive treaty that is being rushed to conclusion for the end of the year.”

The whistle-blower continues:

There are good reasons to improve anti-counterfeiting measures, but this document suggests it has become broadened to favor and entrench rights holders to the exclusion of other civil rights such as privacy and fair judgment on relevant costs and fees normally determined by a competent judge.

Most of the online outcry appears to be originating in Canada. The Toronto Star yesterday ran an article about the secret meeting and ACTA’s implications. The article detailed plans by the Canadian government to create an “insider” group “comprised solely of government departments and industry lobby groups that would be provided with special access to treaty documentation and discussion.”

Membership would be restricted to lobbyists and government departments:

The initial plans for membership in the group were limited exclusively to 12 government departments and 14 industry lobby groups. These include the Canadian Recording Industry Association, the Canadian Motion Picture and Distributors Association, and the Entertainment Software Association of Canada.

The early membership lists omit several key industry representatives likely to be affected by ACTA, including telecommunications, technology, and Internet companies.

Internet service providers and other non-rights holders whose businesses will be impacted will not be included in the talks.

Ahora les toca a ustedes decidir de que manera nos beneficia o perjudica el filtrado de información, y de que manera se puede emplear esta herramienta electrónica.

Conversación con don Luis González y González sobre la violencia en la historia de México (Versión más reciente)

jueves, 25 de noviembre de 2010

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Ricardo Pérez Montfort: ¿Cuál es el balance que usted hace de la violencia mexicana?

Contra la opinión generalizada, México ha tenido avances sólo cuando está en paz, cuando hay violencia más o menos generalizada, o guerras, todo se detiene. Incluso los cambios revolucionarios se dan en épocas pacíficas.     El arte barroco mexicano, reconocido universalmente, se dio en un siglo extraordinariamente pacífico, el siglo XVII, cuyo único problema se daba en las fronteras del país en su crecimiento hacia el norte.

RPM: En términos historiográficos tradicionales, la Conquista es un momento de enorme violencia, sin embargo usted tiene un planteamiento bastante alternativo.

En relación con la Conquista se confunden varias cosas: la Conquista es, por una parte, hacerse del poder de las antiguas etnias; por otra parte, establecer población española acá y, por otra, el cambiar las creencias básicas en la población.

Hernán Cortés obviamente tuvo resistencia por parte del imperio mexica, pero en cambio todos los pueblos que en general habían sido sojuzgados o eran tributarios (como se dice ahora para no ofender tanto a los sojuzgados), desde el principio se mostraron en favor de Cortés. Cortés pudo apoderarse de la Ciudad de México gracias a los indios aliados. En otras partes no hubo resistencia; por ejemplo, en Michoacán, donde estaba el imperio tarasco, cuando Cristóbal de Olid fue enviado para que requiriera a los indígenas que se declararan súbditos del rey de España, y ellos, a través de Cazonzi, aceptaron al descubrir que los españoles venían en son de paz. La única resistencia que encontraron aquí en Michoacán fue la de las mujeres de Cazonzi cuando los españoles se metieron al Palacio Real. Después pasó Nuño de Guzmán para llevarse a la fuerza a los indios y pelear hacia el occidente. Entonces hubo un poco más de resistencia, pero tampoco violencia en grande. Es decir, la conquista militar no es un término demasiado fidedigno. Un millar de hombres, entre los que llegaron con Cortés y los que se le unieron en la expedición de Pánfilo de Narváez, no hubiera podido nunca triunfar si la resistencia hubiese sido generalizada. En un segundo momento, la Corona española envía funcionarios a controlar los territorios conquistados. Ahí tampoco hay mayor violencia. Luego viene el tercer elemento, los frailes que en poco tiempo consiguen el cambio de religión de los indios, algo que ellos mismos consideraban el mayor milagro de cuantos ha habido. Aprendieron rápidamente las lenguas de las etnias a donde fueron a trabajar y convencieron de las nuevas creencias a la mayor parte de la población. Una investigación reciente demuestra que las religiones de Mesoamérica eran inclusivas; es decir, que el incorporar nuevas creencias no era malo, sino al contrario, un enriquecimiento. Por ejemplo, la cosmogonía y la religión aztecas eran una acumulación de lo que habían pensado los pueblos anteriores. En fin, había esa tendencia a la incorporación de creencias ajenas, no eran para nada culturas exclusivas, por ello la facilidad con que aceptaron las enseñanzas misioneras. Motolinía cuenta cómo acudían en masa al bautismo.

Ricardo Cayuela Gally: ¿Y la leyenda negra de Fray Bartolomé de las Casas? La violencia en las encomiendas, la violencia en la reconstrucción de la Ciudad de México...

En la época de Felipe II se promulga una ley importante sobre las encomiendas. Por supuesto, dentro de esa disposición se decía que no podían utilizar como mano de obra a los encomendados, pero eso se rompió, los colonos explotaban lo más que podían. Con respecto a Fray Bartolomé de las Casas, obviamente fue un misionero cristiano que estaba preocupado por lo que había pasado sobre todo en Las Antillas, donde desapareció la población indígena. Además, él insistía mucho en la explotación.Las Casas nació para hacer el papel de crítico dentro de la acción de España en América y lo hizo muy bien.

RPM: ¿Y en las misiones del norte?

Hubo más resistencia en los grupos nómadas, resistencia por una parte al gobierno y resistencia por otra parte a la evangelización, pero si se quiere hablar de la sangre que costó la evangelización, en todo caso aportó mayor cantidad de sangre España: murieron más misioneros que indígenas.    

RPM: ¿Y el detonador de los procesos violentos de la Independencia?

En la independencia se venía pensando desde finales del siglo XVIII, incluso algunos de los gobernantes españoles eran partidarios de que se separara en gobiernos distintos lo de América de lo de España. En México había un gran temor a la defensa de ciertas ideas que provenían de la Revolución Francesa. Los sacerdotes que iniciaron la revuelta no buscaban tanto la independencia en México, como evitar caer en manos de los revolucionarios franceses. Hidalgo no habló nunca de independencia nacional. Su lucha era a favor de la religión católica y el rey legítimo de España.      Como siempre sucede en los movimientos armados, hubo gente que se levantó para sacar algún provecho particular. Aquí en Michoacán, Castellanos, el cura de Sahuayo, se levantó porque tenía unos pendientes con la Hacienda de Guaracha, que de forma sutil empezó a extenderse a costa de los terrenos particulares y de las comunidades. Él era dueño de algunos de estos terrenos a la orilla del lago de Chapala, y se levantó aprovechando el levantamiento de Hidalgo y Morelos. Para él la guerra se trataba de que la Guaracha le devolviera los terrenos que le había robado. Su primer acto de violencia fue ir a buscar al dueño de la hacienda y, al no encontrarlo, matar a todos sus hijos.     El primero que tuvo la idea de la independencia, con un Congreso y una Constitución propias, fue Morelos. El virrey Calleja, encargado de luchar contra Morelos, lo veía más como un eventual competidor en el gobierno del nuevo país, en lo que casi todos coincidían. Pero es cierto que en la historia de México hay una serie de cosas que no se han analizado.

RCG: Esto explicaría la traición de Iturbide.

Existe un estudio sobre cuál fue la reacción ante la independencia proclamada por Iturbide; se descubrió que todos los grupos se manifestaron partidarios, enamorados de ese movimiento. La entrada a la capital fue un día de regocijo nacional. Iturbide dijo: "esta nación nació para dar la ley al mundo todo". Por varias razones consideraba que era un país que estaba especialmente dotado para ser dominante y no dominado. Sin embargo, el afán protagónico de Iturbide lo hizo dejarse seducir por los partidarios de fundar un imperio mexicano con él a la cabeza. Esa ruptura del consenso entre los distintos grupos que habían pactado la independencia es lo que produce las guerras fratricidas. Un hecho curioso fue parte del fin de Iturbide: después de abdicar y abandonar el país se promulgó una ley que lo condenaba a muerte si regresaba. Él la ignora y decide regresar, con las fatales consecuencias que conocemos, pero con el detalle de prócer delirante de exigir ser él mismo, como autoridad superior del ejército, quien diera la orden de fuego al pelotón de fusilamiento encargado de su ejecución.     

RCG: Pero entonces, ¿cómo explica el apoyo popular a la Revolución Mexicana?

Yo organicé, con Friedrich Katz y Guillermo Bonfil, entonces ligado al INAH, un concurso titulado "Mi pueblo durante la Revolución" para que se viera el gran cariño que tenía el mexicano a su Revolución

Se presentaron cerca de 30 mil trabajos. Seleccionamos en buena medida lo que era menos ofensivo en contra del gobierno y, de todas formas, si ustedes leen los libros que se editaron con los trabajos escogidos verán que el pueblo sólo habla de los horrores, de las pobrezas, de los crímenes. Aquí, en San José de Gracia, se organizó un pequeño ejército local para defenderse de los revolucionarios. Dos de las estatuas que hay en la Plaza son de jefes antirrevolucionarios. Para la gente del pueblo era lo mismo que fueran zapatistas, villistas o carrancistas. Por cierto, estos últimos lograron inspirar un odio enorme entre la población.

RPM: ¿Pero no hubo nadie del pueblo que se levantara con la Revolución?

En este pueblo sólo se levantó Chávez García, El Borrego, junto con tres o cuatro gentes más y anduvo robando por las rancherías. Si usted hace una encuesta le dirán las gentes que todavía se acuerdan de esto que "Madero era otra cosa", pero los demás no gozan de ninguna simpatía de la gente común y corriente que vivió esos años. Otra cuestión es la historia oficial sobre el movimiento armado

RPM: La Revolución creó un caos tan grande que no se sabe bien a bien quién fue bandido y quién revolucionario.

Exacto. Aquí había unos bandoleros en una barranca que está rumbo a Sahuayo que se hicieron pasar por revolucionarios. Uno de ellos llegó después a ser diputado, todavía más: le hicieron un monumento, pero como era tan odiado, todos los días la gente del pueblo le vaciaba sus bacinicas.     

RCG: ¿Y la rebelión cristera?

Como en todos los movimientos armados, aquí en México ha habido distintos actores: algunos se levantaron no más a ver qué conseguían; otros se levantaron con el propósito de tomar el poder, pero aquí la gran mayoría lo hizo por un genuino sentimiento religioso. Calles creía que lo que iba a levantar a este país era tener una organización como la de los Estados Unidos, con una religión como la protestante. Además, Calles era hijo de cura, por lo que les tenía un odio particular. El hecho histórico es que sí hubo persecución en contra del clero y en contra de algunas costumbres de la gente. Otra cosa que hizo que explotara el movimiento con mayor violencia fue la forma en que se le reprimió. En este pueblo se levantaron cuarenta personas, y la reacción de las autoridades federales fue mandar al general Aguirre con la orden de quemar el pueblo y después echar ceniza para que desapareciera del mapa. Aguirre ordenó que toda la gente saliera en un plazo de 24 horas del pueblo, y le prendió fuego. Otra cosa curiosa de explicar es que la gran mayoría del clero alto estaba en contra de la Cristiada, ya que es muy difícil conseguir que el Papa declare una guerra justa, porque una guerra contradice el mandamiento cristiano de no matarás".  Eso influyó para que mucha gente no se levantara en otras partes de la República. Pero en esta zona, la gente sobrepasó a los curas. El cura de San José de Gracia se metió a la Cristiada para convencer a su feligresía de no pelear y lo rebasaron los acontecimientos. Por cierto, en la Plaza tiene su estatua junto a la del general Aguirre.

RCG: ¿Cuál fue el secreto de Cárdenas para pacificar al país?

Cárdenas tenía la tradición de una zona rural, él sabía cómo la gente más bien tendía a ser pacífica. Cárdenas entró a la Revolución por accidente, no por su voluntad: sucede que él y otros dos muchachos eran dueños de una pequeña imprenta en Jiquilpan que les había vendido un italiano. En 1913, cuando entraron los revolucionarios en ese pueblo michoacano, buscaron una imprenta para que les hiciera un manifiesto. Los muchachos, intimidados, así proceden e imprimen el manifiesto que les pidió el general. Al día siguiente van a entregar su trabajo y descubren, con alarma, que el general revolucionario había huido porque el gobierno central cayó en manos de Huerta, y quien estaba a cargo de la comandancia ya no era un revolucionario sino un miembro del ejército federal. A los jóvenes no les quedó más remedio que escapar, antes de que los llamaran a juicio por haber colaborado con la Revolución. Ésa es la entrada de Cárdenas en la Revolución. Cárdenas tenía un tío en Tierra Caliente, que se encargaba de administrar un rancho, y su mamá le dijo que se fuera para allá y ahí es donde decide enrolarse con un grupo revolucionario, que era por cierto zapatista.      El general García Aragón, que era el que comandaba ese grupo, lo nombró su secretario, y, para que lo respetara la tropa, lo hizo coronel. Después el general Cárdenas regresó a Jiquilpan y alguien lo acusó ante las autoridades de haber andado en la Revolución y lo metieron a la cárcel. Al salir de la cárcel no le quedó más remedio que volver a la Revolución, y se fue rumbo a Guadalajara. Después entra al servicio de Calles.     En una conferencia que di en el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana, dije que Cárdenas no tenía nada de general, que le habían dado estos títulos, pero que a él nunca le había gustado pelear. Esto no lo digo en sentido peyorativo, sino al contrario. Un ejemplo: Cárdenas tenía la obligación de pelear contra los cristeros, pero sucede que procuraba avisarles cuándo y dónde iba a hacer una incursión para que se retiraran. Por ello, cuando llega al poder puede arreglar el asunto cristero por la vía pacífica. Él fue pacifista, tolerante, y no tenía nada en contra de los sentimientos religiosos. Por otro lado, era partidario de las tradiciones y de la familia.     

RPM: Y usted cree que esas características personales las lleva a su gobierno.

Lo cierto es que su gobierno fue muy pragmático. El general Cárdenas no gobernó con tal o cual idea, sino que fue adaptándose según las circunstancias. Al principio siguió el diseño que le había trazado el general Calles. Después logró deshacerse de él, y siguió una política agrarista basada en la tradición del siglo XVI de dotar de tierras a los pueblos y comunidades agrarias y después siguió un proyecto nacionalista. Tuvo que nacionalizar el petróleo casi a la fuerza porque se pusieron verdaderamente insolentes las compañías petroleras. Por otra parte, se da cuenta que viene la Segunda Guerra Mundial y aprovecha el momento para iniciar el proceso de industrialización del país.

La historia de México está dedicada a consagrar asesinos, militares matones, soldados y gente que causó daño. Nuestro país, y la idea que se tiene de su historia, sería menos violento si en lugar de estos "héroes" de bronce recordáramos a los grandes pensadores y humanistas que ha dado.

Fuente:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=5797

Conversación con don Luis González y González sobre la violencia en la historia de México

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Tomado de:

Ricardo Cayuela Gally y Ricardo Pérez Montfort, en Letras Libres, Revista Electronica, http://www.letraslibres.com/index.php?art=5797

 

La violencia en la historia de MéxicoHeterodoxo, amante de la conversación, las dotes personales de don Luis González y González se transmiten a sus libros. Autor de algunos clásicos de la historia moderna mexicana, orgulloso morador y memoria viva de San José de Gracia, Luis González, más que concedernos una entrevista, habla en una larga sobremesa contra algunos tópicos de nuestro pasado.

Conocido como un "...hombre de tertulias y sobremesa, un profesor tan claro como ameno, un historiador convencido de que la historia no tiene que ser de difícil acceso..." --al decir de Jean Meyer --, Luis González y González es hoy en día una de las referencias obligadas de la historiografía contemporánea mexicana. Su heterodoxia le ha valido más de una discusión, tanto con "los decires de los mayores" como con sus contemporáneos, y no se diga con los miembros de generaciones posteriores. Abrevador, en sus inicios, de las dos versiones del saber histórico mexicano: la nacionalista conservadora y la concepción cristiana, menos tardó en abandonar el mote de "camarada" que en convertirse en asiduo visitador de bibliotecas especializadas en literatura, filosofía y ciencias sociales, "excepción hecha de la economía", como él mismo declaró. Vivió allá cuando París era una fiesta y Europa un "paseo de varias pistas". De regreso a México, se convirtió en amigo y apoyo de Daniel Cosío Villegas, en la monumental Historia Moderna de México y junto con Stanley Ross elaboró las imprescindibles Fuentes de la historia contemporánea de México, a fines de los años cincuenta y principios de los sesenta.
"...Más amante de su terruño, más solitario, conservador y tímido que el promedio de los hombres...", don Luis revaloró la llamada "microhistoria" para la academia a partir de la aparición de Pueblo en vilo. Luis González y González se convirtió en el reivindicador de un quehacer histórico de cuño propio:
La microhistoria, tan ligada a la existencia íntima del hombre, tan placentera, tan aportadora de materia prima semielaborada para las ciencias del hombre, tan malquerida por los pedantes y tan del gusto de los humildes, me inclinaba a ser microhistoriador de tiempo completo...
La heterodoxia no sólo lo ha sacado de San José de Gracia, sino que lo ha metido en los puntos centrales de la discusión histórica mexicana contemporánea. Su visión sobre Los días del presidente Cárdenas, su ortegaygassetiana Ronda de las generaciones, pero sobre todo su Oficio de historiar lo han ubicado como un gran maestro del quehacer de "...las historias contadas y las historias vividas".
La trayectoria de Luis González y González revela una visión antisolemne, cercana, pero particularmente rigurosa y profunda de la historia mexicana. Apelando a una claridad de pensamiento "...que no olvida nunca que la mitad negativa de la historia de una nación es una historia de odios..." (Meyer nuevamente), decidimos conversar con don Luis González y González sobre la violencia en la historia de México. - —Ricardo Pérez Montfort
Ricardo Pérez Montfort: ¿Cuál es el balance que usted hace de la violencia mexicana?
Contra la opinión generalizada, México ha tenido avances sólo cuando está en paz, cuando hay violencia más o menos generalizada, o guerras, todo se detiene. Incluso los cambios revolucionarios se dan en épocas pacíficas.
     El arte barroco mexicano, reconocido universalmente, se dio en un siglo extraordinariamente pacífico, el siglo XVII, cuyo único problema se daba en las fronteras del país en su crecimiento hacia el norte.
RPM: En términos historiográficos tradicionales, la Conquista es un momento de enorme violencia, sin embargo usted tiene un planteamiento bastante alternativo.
En relación con la Conquista se confunden varias cosas: la Conquista es, por una parte, hacerse del poder de las antiguas etnias; por otra parte, establecer población española acá y, por otra, el cambiar las creencias básicas en la población.
LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)
     Hernán Cortés obviamente tuvo resistencia por parte del imperio mexica, pero en cambio todos los pueblos que en general habían sido sojuzgados o eran tributarios (como se dice ahora para no ofender tanto a los sojuzgados), desde el principio se mostraron en favor de Cortés. Cortés pudo apoderarse de la Ciudad de México gracias a los indios aliados. En otras partes no hubo resistencia; por ejemplo, en Michoacán, donde estaba el imperio tarasco, cuando Cristóbal de Olid fue enviado para que requiriera a los indígenas que se declararan súbditos del rey de España, y ellos, a través de Cazonzi, aceptaron al descubrir que los españoles venían en son de paz. La única resistencia que encontraron aquí en Michoacán fue la de las mujeres de Cazonzi cuando los españoles se metieron al Palacio Real. Después pasó Nuño de Guzmán para llevarse a la fuerza a los indios y pelear hacia el occidente. Entonces hubo un poco más de resistencia, pero tampoco violencia en grande. Es decir, la conquista militar no es un término demasiado fidedigno. Un millar de hombres, entre los que llegaron con Cortés y los que se le unieron en la expedición de Pánfilo de Narváez, no hubiera podido nunca triunfar si la resistencia hubiese sido generalizada. En un segundo momento, la Corona española envía funcionarios a controlar los territorios conquistados. Ahí tampoco hay mayor violencia. Luego viene el tercer elemento, los frailes que en poco tiempo consiguen el cambio de religión de los indios, algo que ellos mismos consideraban el mayor milagro de cuantos ha habido. Aprendieron rápidamente las lenguas de las etnias a donde fueron a trabajar y convencieron de las nuevas creencias a la mayor parte de la población. Una investigación reciente demuestra que las religiones de Mesoamérica eran inclusivas; es decir, que el incorporar nuevas creencias no era malo, sino al contrario, un enriquecimiento. Por ejemplo, la cosmogonía y la religión aztecas eran una acumulación de lo que habían pensado los pueblos anteriores. En fin, había esa tendencia a la incorporación de creencias ajenas, no eran para nada culturas exclusivas, por ello la facilidad con que aceptaron las enseñanzas misioneras. Motolinía cuenta cómo acudían en masa al bautismo.
Ricardo Cayuela Gally: ¿Y la leyenda negra de Fray Bartolomé de las Casas? La violencia en las encomiendas, la violencia en la reconstrucción de la Ciudad de México...
En la época de Felipe II se promulga una ley importante sobre las encomiendas. Por supuesto, dentro de esa disposición se decía que no podían utilizar como mano de obra a los encomendados, pero eso se rompió, los colonos explotaban lo más que podían. Con respecto a Fray Bartolomé de las Casas, obviamente fue un misionero cristiano que estaba preocupado por lo que había pasado sobre todo en Las Antillas, donde desapareció la población indígena. Además, él insistía mucho en la explotación.
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Las Casas nació para hacer el papel de crítico dentro de la acción de España en América y lo hizo muy bien.
RPM: ¿Y en las misiones del norte?
Hubo más resistencia en los grupos nómadas, resistencia por una parte al gobierno y resistencia por otra parte a la evangelización, pero si se quiere hablar de la sangre que costó la evangelización, en todo caso aportó mayor cantidad de sangre España: murieron más misioneros que indígenas.

RPM: ¿Y el detonador de los procesos violentos de la Independencia?
En la independencia se venía pensando desde finales del siglo XVIII, incluso algunos de los gobernantes españoles eran partidarios de que se separara en gobiernos distintos lo de América de lo de España. En México había un gran temor a la defensa de ciertas ideas que provenían de la Revolución Francesa. Los sacerdotes que iniciaron la revuelta no buscaban tanto la independencia en México, como evitar caer en manos de los revolucionarios franceses. Hidalgo no habló nunca de independencia nacional. Su lucha era a favor de la religión católica y el rey legítimo de España.
     Como siempre sucede en los movimientos armados, hubo gente que se levantó para sacar algún provecho particular. Aquí en Michoacán, Castellanos, el cura de Sahuayo, se levantó porque tenía unos pendientes con la Hacienda de Guaracha, que de forma sutil empezó a extenderse a costa de los terrenos particulares y de las comunidades. Él era dueño de algunos de estos terrenos a la orilla del lago de Chapala, y se levantó aprovechando el levantamiento de Hidalgo y Morelos. Para él la guerra se trataba de que la Guaracha le devolviera los terrenos que le había robado. Su primer acto de violencia fue ir a buscar al dueño de la hacienda y, al no encontrarlo, matar a todos sus hijos.
     El primero que tuvo la idea de la independencia, con un Congreso y una Constitución propias, fue Morelos. El virrey Calleja, encargado de luchar contra Morelos, lo veía más como un eventual competidor en el gobierno del nuevo país, en lo que casi todos coincidían. Pero es cierto que en la historia de México hay una serie de cosas que no se han analizado.
RCG: Esto explicaría la traición de Iturbide.
Existe un estudio sobre cuál fue la reacción ante la independencia proclamada por Iturbide; se descubrió que todos los grupos se manifestaron partidarios, enamorados de ese movimiento. La entrada a la capital fue un día de regocijo nacional. Iturbide dijo: "esta nación nació para dar la ley al mundo todo". Por varias razones consideraba que era un país que estaba especialmente dotado para ser dominante y no dominado. Sin embargo, el afán protagónico de Iturbide lo hizo dejarse seducir por los partidarios de fundar un imperio mexicano con él a la cabeza. Esa ruptura del consenso entre los distintos grupos que habían pactado la independencia es lo que produce las guerras fratricidas. Un hecho curioso fue parte del fin de Iturbide: después de abdicar y abandonar el país se promulgó una ley que lo condenaba a muerte si regresaba. Él la ignora y decide regresar, con las fatales consecuencias que conocemos, pero con el detalle de prócer delirante de exigir ser él mismo, como autoridad superior del ejército, quien diera la orden de fuego al pelotón de fusilamiento encargado de su ejecución.
RCG: Pero entonces, ¿cómo explica el apoyo popular a la Revolución Mexicana?
Yo organicé, con Friedrich Katz y Guillermo Bonfil, entonces ligado al INAH, un concurso titulado "Mi pueblo durante la Revolución" para que se viera el gran cariño que tenía el mexicano a su Revolución.
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Se presentaron cerca de 30 mil trabajos. Seleccionamos en buena medida lo que era menos ofensivo en contra del gobierno y, de todas formas, si ustedes leen los libros que se editaron con los trabajos escogidos verán que el pueblo sólo habla de los horrores, de las pobrezas, de los crímenes. Aquí, en San José de Gracia, se organizó un pequeño ejército local para defenderse de los revolucionarios. Dos de las estatuas que hay en la Plaza son de jefes antirrevolucionarios. Para la gente del pueblo era lo mismo que fueran zapatistas, villistas o carrancistas. Por cierto, estos últimos lograron inspirar un odio enorme entre la población.

RPM: ¿Pero no hubo nadie del pueblo que se levantara con la Revolución?
En este pueblo sólo se levantó Chávez García, El Borrego, junto con tres o cuatro gentes más y anduvo robando por las rancherías. Si usted hace una encuesta le dirán las gentes que todavía se acuerdan de esto que "Madero era otra cosa", pero los demás no gozan de ninguna simpatía de la gente común y corriente que vivió esos años. Otra cuestión es la historia oficial sobre el movimiento armado.
RPM: La Revolución creó un caos tan grande que no se sabe bien a bien quién fue bandido y quién revolucionario.
Exacto. Aquí había unos bandoleros en una barranca que está rumbo a Sahuayo que se hicieron pasar por revolucionarios. Uno de ellos llegó después a ser diputado, todavía más: le hicieron un monumento, pero como era tan odiado, todos los días la gente del pueblo le vaciaba sus bacinicas.
RCG: ¿Y la rebelión cristera?
Como en todos los movimientos armados, aquí en México ha habido distintos actores: algunos se levantaron no más a ver qué conseguían; otros se levantaron con el propósito de tomar el poder, pero aquí la gran mayoría lo hizo por un genuino sentimiento religioso. Calles creía que lo que iba a levantar a este país era tener una organización como la de los Estados Unidos, con una religión como la protestante. Además, Calles era hijo de cura, por lo que les tenía un odio particular. El hecho histórico es que sí hubo persecución en contra del clero y en contra de algunas costumbres de la gente. Otra cosa que hizo que explotara el movimiento con mayor violencia fue la forma en que se le reprimió. En este pueblo se levantaron cuarenta personas, y la reacción de las autoridades federales fue mandar al general Aguirre con la orden de quemar el pueblo y después echar ceniza para que desapareciera del mapa. Aguirre ordenó que toda la gente saliera en un plazo de 24 horas del pueblo, y le prendió fuego.
     Otra cosa curiosa de explicar es que la gran mayoría del clero alto estaba en contra de la Cristiada, ya que es muy difícil conseguir que el Papa declare una guerra justa, porque una guerra contradice el mandamiento cristiano de "no matarás".
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Eso influyó para que mucha gente no se levantara en otras partes de la República. Pero en esta zona, la gente sobrepasó a los curas. El cura de San José de Gracia se metió a la Cristiada para convencer a su feligresía de no pelear y lo rebasaron los acontecimientos. Por cierto, en la Plaza tiene su estatua junto a la del general Aguirre.
RCG: ¿Cuál fue el secreto de Cárdenas para pacificar al país?
Cárdenas tenía la tradición de una zona rural, él sabía cómo la gente más bien tendía a ser pacífica. Cárdenas entró a la Revolución por accidente, no por su voluntad: sucede que él y otros dos muchachos eran dueños de una pequeña imprenta en Jiquilpan que les había vendido un italiano. En 1913, cuando entraron los revolucionarios en ese pueblo michoacano, buscaron una imprenta para que les hiciera un manifiesto. Los muchachos, intimidados, así proceden e imprimen el manifiesto que les pidió el general. Al día siguiente van a entregar su trabajo y descubren, con alarma, que el general revolucionario había huido porque el gobierno central cayó en manos de Huerta, y quien estaba a cargo de la comandancia ya no era un revolucionario sino un miembro del ejército federal. A los jóvenes no les quedó más remedio que escapar, antes de que los llamaran a juicio por haber colaborado con la Revolución. Ésa es la entrada de Cárdenas en la Revolución. Cárdenas tenía un tío en Tierra Caliente, que se encargaba de administrar un rancho, y su mamá le dijo que se fuera para allá y ahí es donde decide enrolarse con un grupo revolucionario, que era por cierto zapatista.
     El general García Aragón, que era el que comandaba ese grupo, lo nombró su secretario, y, para que lo respetara la tropa, lo hizo coronel. Después el general Cárdenas regresó a Jiquilpan y alguien lo acusó ante las autoridades de haber andado en la Revolución y lo metieron a la cárcel. Al salir de la cárcel no le quedó más remedio que volver a la Revolución, y se fue rumbo a Guadalajara. Después entra al servicio de Calles.
     En una conferencia que di en el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana, dije que Cárdenas no tenía nada de general, que le habían dado estos títulos, pero que a él nunca le había gustado pelear. Esto no lo digo en sentido peyorativo, sino al contrario. Un ejemplo: Cárdenas tenía la obligación de pelear contra los cristeros, pero sucede que procuraba avisarles cuándo y dónde iba a hacer una incursión para que se retiraran. Por ello, cuando llega al poder puede arreglar el asunto cristero por la vía pacífica. Él fue pacifista, tolerante, y no tenía nada en contra de los sentimientos religiosos. Por otro lado, era partidario de las tradiciones y de la familia.
RPM: Y usted cree que esas características personales las lleva a su gobierno.
Lo cierto es que su gobierno fue muy pragmático. El general Cárdenas no gobernó con tal o cual idea, sino que fue adaptándose según las circunstancias. Al principio siguió el diseño que le había trazado el general Calles. Después logró deshacerse de él, y siguió una política agrarista basada en la tradición del siglo XVI de dotar de tierras a los pueblos y comunidades agrarias y después siguió un proyecto nacionalista. Tuvo que nacionalizar el petróleo casi a la fuerza porque se pusieron verdaderamente insolentes las compañías petroleras.
     Por otra parte, se da cuenta que viene la Segunda Guerra Mundial y aprovecha el momento para iniciar el proceso de industrialización del país.
     La historia de México está dedicada a consagrar asesinos, militares matones, soldados y gente que causó daño. Nuestro país, y la idea que se tiene de su historia, sería menos violento si en lugar de estos "héroes" de bronce recordáramos a los grandes pensadores y humanistas que ha dado. -

Antropología histórica: diez años de reflexión sobre le patrimonio histórico cultural y las políticas culturales en México

jueves, 26 de agosto de 2010

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santo Con motivo de la celebración del 10 aniversario de la creación de la Licenciatura en Antropología Histórica, dentro de la Faculta de Antropología de la Universidad Veracruzana. Profesores y Alumnos, coinciden en la necesidad de hacer un balance sobre el quehacer antropológico y ´más sobre la trayectoria de la propia carrera a lo largo de esta primera década de existencia.

Por ello, se llevará a cabo una serie de charlas y reflexiones que llevan por nombre:

“Antropología histórica: diez años de reflexión en torno al patrimonio histórico cultural y las políticas culturas en México”

 

Diez Años Haciendo Antropología Histórica

La carrera de Antropología histórica se está construyendo a partir de un esfuerzo por parte de profesores y estudiantes que han aceptado el reto de crear una opción de conocimiento que explora e incorpora otras formas de investigar la condición humana.

Este esfuerzo incluye problemas y paradigmas tanto de la investigación antropológica cultural de los últimos 25 años, como aquellos relacionado con la investigación historiográfica contemporánea surgidos de la escuela de los Annales. Los practicantes de una y otra disciplina, en la crítica y reconocimiento de su quehacer encontraron temas, procedimientos y resultados comunes aún en situaciones de alejamiento total a los que los obligaba el rigor y las fronteras demasiado estrictas de sus respectivos campos.

En nuestra carrera poco a poco se ha ido perfilando un estilo de investigación “demasiado viejo, demasiado nuevo”, que permite observar una nueva pertinencia del campo de investigación cultural y que hemos organizado idealmente en seis proyectos, a saber: Cuerpo y sexualidad, Espacio social, Identidad y tradición, Memoria colectiva, Cultura material y Vida cotidiana.                                       

                                                                        (Cabrera Palomec, 2009)

 

Jornadas de trabajo del 30 agosto al 2 de septiembre, Ex Unidad de Humanidades, Xalapa, Ver.

Programa de actividades

Lunes 30 de Agosto

pasohernncortsporlosbarbr1

10:00  – 12:00 hrs.

Historia de la carrera: con la participación de los profesores René Cabrera Palomec, Federico Colin y Sergio Vásquez.

Moderadora: Mtra. Ma. Cristina Millán Vásquez

Lugar: Auditorio Jesús Morales.

 

12:00 – 14:00 hrs

Cuerpo y sexualidad: con la participación de estudiantes de esta línea de investigación.

Lugar: Auditorio Jesús Morales

17:00 – 19:00 hrs

Charlas entorno a:

 Archivo histórico: Impartida por la Mtra. Olivia Domínguez Pérez (Directora del Archivo histórico del Estado de Veracruz) en compañía del Mtro.  Omar Melo Martínez

Lugar: Salón de usos Múltiples

Martes 31 de agosto

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10:00  – 12:00 hrs.

Perspectivas de un Antropólogo Histórico: con la participación de egresados de la carrera

Ponentes:

María De lourdes Becerra: “Hacía un observatorio de políticas culturales”

Azminda Maybelli Román Nieto: “Nuevas miradas para el patrimonio cultural”

Lilia Cañedo: “Mi formación y experiecnia antropológica”

Emiliano López: “Creación Musical, Nuevas Tecnologías y Artes Tradicionales”

Moderador: Mtro. Francisco Javier Kuri Camacho

Lugar: Auditorio Jesús Morales.

 

12:00 – 14:00 hrs

Vida Cotidiana

Espacio Social

Con la participación de estudiantes de esta línea de investigación.

Moderador: Lourdes Becerra

Lugar: Auditorio Jesús Morales

 

17:00 – 19:00 hrs

Charlas entorno a:

 Legislación y Patrimonio: Impartida por la Mtro. Sergio Vásquez Zarate

Lugar: Salón de usos Múltiples

 

Miércoles 1 de septiembre

caña

10:00  – 14:00 hrs.

Mesa de discusión en torno a Políticas culturales y Patrimonio Cultural con otras disciplinas

Invitados:

Dr. Jesús López Argüelles (Facultad de Sociología)

Dr. Cesar Guevara González (Facultad de Sociología)

Mtro. Victor Manuel Andrade Guevara (Facultad de Sociológía)

Lic. Hist. Carlos A. Fernández Callejas.

Antrop. Nohemí Pointeau

Arq. Abner Martínez landa: “El ciber espacio como alternativa museográfica: el caso de la BENV en el museo virtual de América Latina y el Caribe”

Moderador: Mtra. cristina Millán Vásquez

Lugar: Auditorio Jesús Morales.

 

Jueves 2 de septiembre

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10:00 – 12:00 hrs

Memoria Colectiva

Técnica y materia

Identidades

Con la participación de estudiantes de esta línea de investigación.

Moderador: Sergio Vásquez Zarate

Lugar: Auditorio Jesús Morales

 

12:00 – 14:00 hrs

Plenaria: Perspectivas de la Antropología Histórica

Moderador: Anaid Hernández

Lugar: Salón Azul

17:00 – 19:00  hrs

“Cine e interpretación Antroplógica” A cargo del profesor René Cabrera Palomec

                              Universidad Veracruzana

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                                   Facultad de Antropología

                                     Antropología Histórica

                          

                       Director Facultad de Antropología:

                                 Felix Dario Báez Galván

                  Jefa de Carrera Antropología Histórica:

                               Ma. Cristina Millán Vásquez

                                Comisión Organizadora:

                                Juan Manuel Su jiménez

                                 Miguel Pérez Ramiírez

                                     Ana Isabel Alarcón

                             Midory Lizbeth Hernández

                                Fabiola Escamilla Femat